lunes, 23 de junio de 2008

Otras Miradas: géneros al margen en la cultura de hoy


En el mes de la fina garúa de Junio se presentó en público un texto antropológico. Como escribió el poeta César Vallejo “son pocos pero son”. El libro contiene un conjunto de ensayos que analizan la realidad contemporánea desde las perspectivas teóricas de los Estudios Culturales y Subalternos. La noche fue testigo del “ritual de paso” que se llevó a cabo el 23 de Junio en el Centro Poscolonial España: urbanización Santa Beatriz, Lima, Perú.

Comentarios al paso en reversa
En primer lugar debo agradecer al profesor y colega Rommel Plasencia por darme la oportunidad de participar como ensayista en el presente libro escrito por antropólogos. Y, sobre todo, por “democratizar el micrófono” al dejarme leer los siguientes comentarios que llevan como título: “Resquebrajando el Monumento al Antropólogo Desconocido”.
Es justo y necesario celebrar en éste ritual el nacimiento del libro titulado Otras Miradas: Géneros al margen en la cultura de hoy, el cual viene a ser una respuesta, en resistencia, contra el hegemónico monumento al “antropólogo desconocido” en el Perú. Este monumento ninguneador y fatalista representa la subalternidad de la disciplina etnográfica en el imaginario social de los peruanos, donde la política y la farándula no tienen fronteras.

Muchas veces enuncio de manera irónica: “antropólogo soy y no me compadezcas”. Es conocida, dentro la tribu o comunidad antropológica, la fácil confusión de nuestra carrera con nuestros primos hermanos: los arqueólogos. Se distorsiona la imagen y significado de los antropólogos como si fuéramos “huaqueros científicos” buscando huesitos, momias y huacos.

Por esta razón, resalto el acertado epígrafe de Marshall Sahlins que está escrito al inicio del presente libro: “El camino del progreso antropológico está sembrado de cadáveres terminológicos, la mayoría de cuyos espíritus es mejor evitar”. Se debe tener en cuenta que el término mismo de “antropología”, en la realidad peruana, es un cadáver nada exquisito; pero su espíritu se resiste al olvido y la marginación. Es menester enfrentar, mejor no evitar sin vacilaciones, los fantasmas del monumento etnográfico desconocido porque éste representa uno de los principales obstáculos del progreso antropológico en el país.

El texto comentado es uno de los caminos para fisurar al monumento en cuestión. Hacerlo polvo y recuerdo para que no se repita. Ustedes podrán encontrar tras su lectura la “Otras Miradas” suspicaces de mis colegas quienes, al igual que yo, no aceptan el mundo tal como es, en el sentido, de someterse ha sus parámetros que instrumentalizan las relaciones culturales. El libro no acepta la imposición de lo culturalmente correcto.

Esto explica que no sea gratis la caricatura de Martha Hildebrant (representante de la cultura ilustrada en el Perú), en la portada del texto, transformada irónicamente en un monstruo verde, plasmada en el famoso Increíble Hulk, quien dice iracundamente: “Acaso no sabes que el muro ya cayó cholo de mierda”. Con lo que se justifica el fin de la historia y de las ideologías. Para qué discutir, debatir e investigar, sí todo esta dicho y hecho. Pero la historia continúa, junto con los conflictos y exclusiones. Entonces, se levantan otros muros, Los Muros Invisibles, que están al margen en la cultura hegemónica de hoy, con el fin de cuestionar las categorías absolutas del “debe ser cultural”.

Ahora empiezo a mostrar brevemente, a manera de chisme científico, los ensayos que contiene el libro. El orden que establezco es al estilo Chespirito porque empiezo por el final para terminar por el principio, es decir, un comentario al paso en reversa:

-Empiezo por el colega Miguel Ángel Salinas quien retoma un fundamental punto de quiebre en la historia del Perú: Velasco Alvarado y la Reforma Agraria. Un tema que en la agenda académica ya pasó de moda, cuyas publicaciones, según el autor, yacen apilados a meced del polvo y el olvido de las bibliotecas. Por este motivo, el objeto de estudio son los textos y los proyectos editoriales que la producen. El autor hace una especie de antropología del lenguaje en que deconstruye son los testimonios de los actores sociales que hacen memoria sobre el velasquismo. Son tres los testimonios, tres los editores, tres los coautores y, por ende, tres los colores de los hilos gramaticales del discurso que se desprenden: el blanco, rojo y negro. El trabajo cuestiona la neutralidad de los textos y, sobre todo, los testimonios en la producción de memoria.

-Del pasado llegamos al presente por medio del texto de Rommel Plasencia quien analiza la moda de la industria turística alternativa. La mirada critica del autor es sintetizada en el epígrafe de Eusebio Leal: “En el abismo que cada vez separa el primer mundo del tercero, el turismo se vuelve, para unos, en una industria de sobrevivencia y para los otros en un indicador de calidad de vida”. Desde la óptica de la antropología del turismo se denuncia académicamente la legitimación de los proyectos coloniales turísticos que subordinan ha las culturas locales de la selva peruana. El caso de estudio es la comunidad Shipibo-Conibo de San Francisco ubicada en la Región Ucayali donde existe una explotación cultural del exotismo. La mirada industrializada del turismo estructura imágenes y discursos que no corresponden ni tienen interés con la “realidad nativa” local.

-El siguiente ensayo del colega Renato Merino, que desde la lógica del anterior, analiza el caso de San Pedro de Lloc (ubicado en la Región de la Libertad), que se autodenomina como “El pueblo que come lagartijas”. Irónicamente son los mismos pobladores de San Pedro de Lloc los cómplices de la industria del turismo. Si lo exótico se vende más, entonces hay que vender la idea de la tierra donde se come lagartijas. El animal en cuestión es el “cañan”, una especie de lagartija del desierto, cuyo consumo esta dedicado para los visitantes-turistas. Una de sus cualidades del Cañan es la estimulación por el apetito sexual, según el testimonio de un cazador de la zona: “el cañan es el único animal que tiene dos penes pegados en cada una de sus patas”. El autor ilustra las interacciones de construcción de identidad, las posiciones estratégicas y conflictivas entorno al turismo mercantil.

-El colega Carlos Leyva nos lleva a la vida cultural de las zonas urbanas marginales de Lima donde analiza la manifestación artística y la práctica sociocultural de la “música chicha”. Nos hace conocer los procesos de producción, distribución y consumo cultural del fenómeno musical chicha y, en especial, a uno de sus intérpretes más populares: Lorenzo Palacios Quispe, más conocido como Chacalón. A manera de hilo conductor del ensayo de Carlos Leiva se narra y analiza la vida, obra, muerte y repercusión social de Chacalón en los sectores populares de Lima. Se verifica que Chacalón es utilizado por la industria cultural chichera para construir un “héroe cultural popular” que represente a los grupos migrantes y cholos (subalternos) que son marginados de la cultura oficial limeña. De ahí la frase "cuando viene Chacalón, hasta los cerros bajan", y también los antropólogos urbanos.

-El colega Alcibes Gussi nos traslada a un espacio transnacional para analizar los mecanismos de formulación y reformulación de identidades. Este espacio se encuentra en Sao Paulo, Brasil, donde residen los descendientes de los norteamericanos post-guerra de Secesión. La imagen sugerente en el texto es la película “Lo que el viento se llevó” donde los protagonistas de la película no siguieron el guión establecido: “quedarse a reconstruir su tierra natal”; sino que decidieron migrar irónicamente hasta Brasil. El autor nos muestra los rituales que celebran los descendientes norteamericanos para idealizar el pasado, identificarse en el presente y proyectarse al futuro. El escenario de construcción de memoria es el cementerio donde se encuentran sepultadas varias generaciones de familiares americanos. Según Alcibes Gussi la fiesta rompe la localidad territorial para establecer lazos con los Estados Unidos, en un intento de formalizar redes trasnacionales. La identidad no es ajena a las relaciones de poder.

Ahora le toca el turno a mi texto, pero por cuestiones éticas y de tiempo no diré nada; ni siquiera el título. Aunque ganas no me faltan. Sí quieren saber algo sobre mi ensayo y, en especial, profundizar los demás trabajos que he comentado en reversa, es necesario que compren el libro. Hay descuentos para los colegas subalternos.

Finalmente sólo me queda agradecer al Seminario de Historia Rural Andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por apoyar institucionalmente la iniciativa del texto antropológico que ahora es realidad. Agradecer a los colegas, amigos y público en general por ser testigos que el libro en cuestión no trata, felizmente, sobre “huaquería científica”, sino del inicial camino para resquebrajar el monumento al antropólogo desconocido.

Muchas gracias por su gentil paciencia.

sábado, 14 de junio de 2008

En mi barrunto La Cholina

El barrunto molinero es un espacio colmado de sueños y contradicciones. Un lugar para volver siempre. La Molina esta conformada por un conjunto de feudos vecinales que sobrevivieron al velasquismo, donde reina el orden y la limpieza. Una imagen radicalmente opuesta a Lima la horrible que según Augusto Salazar Bondy: “se ha vuelto una urbe donde dos millones de personas se dan de manotazos, en medio de bocinas, radios salvajes”. En cambio mi barrunto es considerado uno de los mejores lugares donde vivir. Pero no hay que ser ingenuos porque todo lo que brilla no es oro.

Lo más característico del barrio pituco es la imagen paradigmática del buen molinero: aquel vecino consciente de los valores y respecto al vecino colindante. Se aplica el axioma liberal: “donde terminan mis derechos empiezan la de los demás”. Uno puede vivir en tranquilidad en la vecindad de las lejanías, donde nadie extraña el rostro cotidiano del que dirán. Cada familia internaliza en su feudo la cultura de la vida reposada. La cotidianidad de los valores y buenas costumbres molineras sin salir del distrito.

La geografía molinera tiene la peculiaridad de estar rodeadas de cerros que tienen las energías sagradas de los Apus Wamanis. Al frente de mi humilde hogar se encuentra el Apu que tiene el nombre “Dos Picos de Oro”. Cuenta la leyenda que en un tiempo lejano la “Idea Universal” se había propuesto a crear vida inteligente en los mundos sin nombre. Intento hacerlo tomando como materia prima la tierra, pero fracasó. La soledad causo mucha tristeza al punto que la “Idea Universal” comenzó a derramar lágrimas sobre el planeta. Las lágrimas formaron una esplendorosa laguna de oro donde surgió el ave “Dos Picos de Oro” cumpliendo la orden de Dios. Las herramientas simbólicas del ave fueron sus picos que estructura el mundo dual: el bien y el mal, la vida y la muerte, la felicidad y el sufrimiento. Cuando el ave terminó su misión en la tierra se dispuso a descansar para contemplar eternamente el mar. Ello explica la forma de dos picos que tiene el cerro ubicado al frente de mi casa.

En la época prehispánica La Molina pertenecía al señorío de Lati o Ate. Hay que tener en cuenta que antes de la llegada de los Incas los actuales territorios de Lima estaba conformada por un conjunto de valles que sirvieron de asentamiento a varios señoríos y curacazgos. En los valles del río Chillón, Rímac y Lurín se levantaron tambos, templos, fortificaciones y edificios administrativos. Según María Rostwrowski en el valle del Rímac existió el Curacazgo Ychma conformado por los señoríos: Sulco, Guatica, Lima, Maringa, Callao y Lati. Los restos arqueológicos que son testigos del pasado prehispánico del barrunto molinero son las huacas pitucas de Melgarejo (Horizonte Temprano) y Granados (Intermedio Temprano).

Luego estos espacios agrícolas fueron conquistados por los Incas y, posteriormente, dominados por los españoles. Estos últimos por medio de las encomiendas (la entrega de tierras agrícolas junto con sus pobladores a los conquistadores) lograron establecer varias haciendas y fundos que conformaron la Lima agrícola. Entre 1571 y 1573 el Virrey Toledo conformó las reducciones indígenas Santiago Apóstol de Surco, San Pedro de Carabaillo, San Salvador de Pachacamac, San Juan Bautista de Lurigancho y Nuestra Señora de las Mercedes de Late. La encomienda de Ate es la semilla histórica de La Molina donde se desarrollaron las haciendas coloniales: La Molina/ Monterrico Grande / Melgarejo / Rinconada / Camacho / Matazango/ Planicie / Viñas / Sol de la Molina / La Rotonda / entre otros. No es gratis coro: “a La Molina no voy más porque hechan azote sin cesar”.

En la República destaca un hecho importante molinero que es subalternizado en la historia de la Guerra del Pacífico. Como los peruanos tenemos un instinto dramático para celebrar derrotas, se deja de lado el la victoria de la batalla de la Rinconada. La historiografía oficial y colegial señala que en la campaña de Lima, en 1881, se realizaron dos confrontaciones: 13 de Enero Batalla de San Juan y 15 de Enero Batalla de Miraflores, con el resultado a favor de Chile por dos a cero. Se obvia el gol de honor perucho. Según Oscar Ferreira Hare el 9 de Enero los chilenos intentaron estratégicamente dar la vuelta a las líneas de defensa de los reductos peruanos siguiendo la ruta del valle de Lurín para llegar a las haciendas Manchay, Rinconada y Melgarejo. En la Rinconada existía una columna de 180 hombres denominado Batallón Pachacamac al mando de Don Manuel Miranda. El enemigo, al mando del coronel Barbosa, descendía a las cinco de la madrugada por Manchay, pero fueron recibidos por fuego de batería de la hacienda Rinconada. Sangre y resistencia. A la 1 de la tarde el general Baquedano ordena el retiro de las tropas chilenas. Fue una victoria moral de los peruanos, misma selección peruana de fútbol.

Luego de la derrota de la guerra el Perú entre en el proceso de Recuperación Nacional. A principios del siglo XX en La Molina llega la agroindustria. Se tiene como antecedente que en el año 1902 se instaló la Escuela Superior de Agricultura apoyado por el gobierno de Bélgica, luego se transformó en la Universidad Nacional Agraria La Molina. El historiador Francisco Vallejo Berríos señala que en 1904 Don Tomas Valle dueño de la hacienda Monterrico Grande se junta con Don César Soto para formar la "Compañía Agrícola Azucarera Monterrico Grande". En la hacienda funcionó una locomotora denominada Chuquitanta que transportaba la caña de azúcar del campo a la fábrica. La agroindustria en Ate, incluida la Molina, entró en auge en 1930 y llegó a su crisis en 1960. Actualmente en la Molina existe la casa-hacienda Monterrico Grande que funciona como restaurante. En este lugar se mantiene la memoria de los tiempos de la oligarquía en el Perú.

La Molina perteneció a la jurisdicción de Ate-Vitarte hasta el 6 de Febrero de 1962. Fue en el segundo gobierno del Presidente Manuel Prado y Ugarteche que obtiene la autonomía distrital sobre un sobre un área de 4,900 hectáreas. Las haciendas cambian de rubro comercial para dedicarse al negocio de la inmobiliaria y la construcción. Se entra en un proceso de transformación del campo en ciudad. La tesis del antropólogo Walter Quinteros titulada Urbanización migracional y Aculturación (Estudio de la Población Obrera de la Molina), realizada en 1965, grafica el proceso de urbanización de las zonas agrícolas de La Molina donde la urbanización Conde de Camacho, los conjuntos habitacionales “La Rinconada”, “El Sol de la Molina”, “Inca Golf Club, entre otros, se levantan en tierras de antiguas haciendas parceladas.

Actualmente La Molina representa una de las zonas más residenciales y modernas de Lima. Es notoria toda una red comercial comprendida por bancos, clubes, restaurantes, tiendas, entre otros. Destacan La Molina Plaza (conformada por un conjunto de cafés, restaurantes y multicines) y la tienda Wong donde comprar es un placer (irónicamente los chilenos son sus actuales dueños). En medio de ésta sociedad del consumo refinado se puede observar a niños vendiendo caramelos y pidiendo limosna para un pan, ¿pobreza en La Molina? Todo un tema para investigar.

Estas imágenes contradictorias son borradas por la falacia de las tías pitucas de la Molina quienes estructuran una dicotomía social en que La pobreza y marginación son negados dentro del barrunto por medio de una reja que separa a La Molina de Ate Vitarte (http://waroblog.blogspot.com/2008_01_01_archive.html#8714619248340808887). Es una falacia urbana porque en la supuesta zona residencial, hegemónica y criolla existen 8 sectores populares (asentamientos humanos y asociaciones de vivienda), los cuales no se quieren ver por los ojos pitucos. Uno de estos sectores subalternos es Matazango donde uno de sus habitantes se resiste al olvido y el ninguneo: http://losmolineros.blog.com/443727/

El barrunto molinero es todo un objeto de estudio para analizar sus oscuras contradicciones socioeconómicas y culturales. Las preguntas que deben interrogar a la realidad no pueden ser las mismas de siempre. Todo cambia, como lo señalaba Eráclito al decir que nadie se baña dos veces en el mismo río. Luego del escepticismo analítico cotidiano me detengo en la puerta de mi casa, en el atardecer, para saludar al Apu Wamani del barrunto.


martes, 10 de junio de 2008

A la argolla en el Perú dile sí

El problema de la argolla en el Perú es la mezquindad de los argolleros. Se incluye a los cucufatos y conservadores. La parametrada ley social de la argolla señala que esta totalmente prohibido pasar la información en el espacio público. La privacidad es único canal para efectuar la argolla perfecta. Es decir, que el dato argollero debe circular subrepticiamente en pequeños círculos y/o redes sociales.

Si quiebras la ley argollera saldrá el vigilante del panóptico (un mezquino, cucufato y conservador) a controlar la situación. Este personaje foucaultniano de la ficción y de la vida real diría cínicamente, a los trasgresores de la norma, que las argollas son herméticas y cerradas, en el que no hay sitio para tanta gente. En consecuencia, sería de mal y pésimo gusto hacer pública la argolla.

La solución al mencionado problema no se basa en la neutralización o eliminación de las argollas, como generalmente se cree. Uno pecaría de ingenuo y no resolvería nada. Se lucha contra una argolla con el apoyo de otra argolla. La guerra de las argollas. Como fue el caso de las cumbres ALC-UE y la Social de los Pueblos que se llevaron a cabo en Lima en el mes de abril. Sin argolla no entrabas. No era extraño observar a varias personas que estaban fuera de ambas cumbres esperando el milagro de la argolla, es decir, encontrarse con el amigo, funcionario y/o organizador que le diera el pase respectivo.

Pero no hay que alarmarse porque hay que tener en cuenta que la argolla es un hecho que existe en todos los espacios sociales: hegemónicos y subalternos. Y sobre todo viene a ser un hecho histórico y universal. La semilla de la argolla se encuentra en todas las sociedades y culturas del mundo. El etnocentrismo es radicalmente argollero. Por este motivo, se deduce que la argolla existirá hasta el fin de la especie humana, al menos que las cucarachas logren un alto nivel de evolución para heredarlo. A tal nivel que realicen sus propias cumbres.

En este sentido, sería de buen gusto ampliar la argolla en el espacio público para evitar el fin de nuestra especie. Se estaría empezando un proceso de democratización de las argollas y, a la misma vez, habría menos mezquinos en el país. Se formaría las bases para un contexto en el que se podría cumplir el sueño de la argolla propia bajo un lente social. La argolla responsable que permitiría una sustancial disminución de los índices de exclusión y marginación.

Por estas y muchas razones, a la argolla en el Perú dile sí.

martes, 3 de junio de 2008

Microfìsicas gotas del invierno limeño

“No hay peor clima que el invierno limeño”, es el clásico comentario ninguneador que escucho cada vez que viajo al interior del país. Lima continúa siendo horrible hasta en el clima. Otro mito más. Supuestamente en provincia la vida es más sabrosa porque se puede observar un limpio cielo azul y las esplendorosas estrellas nocturnas. Pero ellos obvian la sensibilidad de las composiciones de Chabuca Granda cuando una de sus letras dice: “fina garúa de Junio le besa las dos mejillas”. Y también dejan de lado la vida urbana cultural del invierno limeño.

Déjenme que les cuente limeños y, sobre todo, peruanos del Perú profundo que la garúa viene a ser un tipo muy especial de lluvia menuda, más conocida como llovizna, que cae lentamente sobre la costa. Tan lento que no se le percata como lluvia. Una de las principales características de la garúa es que no moja a diferencia de las torrenciales lluvias de la sierra y selva peruana, donde uno sale empapado. Por este motivo, el negocio de los paraguas, las botas de hule y los ponchos de agua no son rentables en la capital.

El periodista extranjero Stepehen Cviic, corresponsal de la BBC de Londres, señala que la garúa es típica de la capital peruana encargada de bloquear la vista a la cordillera andina y, a la misma vez, escenifica al balneario de Miraflores con un especial toque romántico. En este sentido, la garúa es un elemento que ofrece el pretexto justo y necesario para compartir un café con algunos sueños. Como la Ciudad de los Reyes (sobre todo las zonas urbanas pitucas) es la “capital de los cafés”, entonces necesita de la garúa para que sigan en servicio los mencionados espacios de conexión: lugar de tertulia, imaginación y poesía.

Entonces las microfísicas gotas del invierno limeño otorgan sensibilidad a la vida cultural urbana. No es cuestión de aguantar el frio, sino de enfrentarlo elegantemente con una buena casaca y chalina para salir al cine, al teatro y/o centro cultural. Luego pasear en los parques, conversar y observar, sentados en una banca, la cotidianidad de las personas acostumbradas a la fina garúa de Junio, acurrucándose y besándose las dos mejillas.

viernes, 30 de mayo de 2008

El Perro del Hortelano Sanmarquino






A fines del mes de abril el conflicto se agudizó y los estudiantes tomaron las facultades de Derecho, Ciencias Sociales, entre otras. Luego el 8 de Mayo se violó la autonomía universitaria de San Marcos: la policía arremetió contra una marcha pacífica de universitarios que rechazan la construcción de obra municipal del By Pass. Se pide la reformulación del proyecto urbano. Es una lucha por el espacio público y otras cosas más.

El siguiente texto tiene como objetivo ensayar la idea del “Síndrome del Perro del Hortelano” sobre los últimos problemas suscitados por la polémica obra municipal en San Marcos. Analizar los ladridos ideológicos que se estructuran de derecha a izquierda sobre el uso y defensa del espacio público. Comprender la transformación del espacio público en discurso ideológico. Conocer la invención de la “nueva generación” de estudiantes de izquierda. Y mostrar la metáfora hortelana hecha realidad en la Decana de América.

Ladridos ideológicos

El anuncio del fin de las ideologías luego de la caída del Muro de Berlín ya pasó de moda. Algo que se pudo comprobar en Lima en la V Cumbre ALC-UE y la alternativa Cumbre Social de los Pueblos. Irónicamente fui ajeno a las dos cumbres argolleras porque no tenía el pase respectivo. Por un lado se legitima el modelo neoliberal y por el otro se le rechaza. Se comprueba que las ideologías siguen vivitas y coleando en la escena pública donde se ladran mutuamente.

Una forma de mostrar la continuidad de la guerra de las ideologías es por medio de la pelea de perros: los ladridos ideológicos. Algo que el Presidente Alan García1 ha dramatizado por medio de su artículo del “Síndrome del Perro del Hortelano”, que es una metáfora que ladra a la ideología de izquierda. Según el autor los perros del hortelano vienen a ser: “el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista”. Es decir, son los actores sociales que ladran a las inversiones de capitales privados transnacionales y que, por ende, propician que los recursos naturales y públicos sean ociosos: no se puedan poner en valor manteniéndose la pobreza y desempleo en el país. Entonces el ladrido de derecha sentencia al hortelano ideológico izquierdista de no hacer ni deja hacer.

El antropólogo Rodrigo Montoya2 responde a la metáfora hortelana para señalar el desprecio presidencial en contra: “los comuneros andinos, amazónicos y costeños…los antimineros, pluriculturalistas y patrioteros y los 10,000 activistas agresivos y callejeros”. Considera que es un insulto denominar “perro” a los miles de peruanos que piensan diferente de Alan García. Lo irónico es que el antropólogo sentencia al Presidente de “pobreza intelectual” porque en su texto no tiene referentes académicos: “es un panfleto del capitalismo”. Se entra sin querer queriendo al círculo vicioso de ladridos que menosprecian al que piensa diferente, sea éste de izquierda o derecha.

Los ladridos ideológicos tienen vigencia en la forma de ver la actual realidad y futuro del país. Algo que no es ajeno en San Marcos en el problema del By Pass. Veamos los desamores perros ideológicos del tema en cuestión.

Del espacio urbano al discurso ideológico

Una visión neutral e ingenua del problema del 8 de Mayo es analizada por la editorial de la revista .edu3 de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Comenta que las protestas en San Marcos, que originó el enfrentamiento con las fuerzas policiales, surgen por el proyecto municipal que hace perder casi 30 mil metros cuadrados por un anillo vial que tomará parte del campus sanmarquino. La universidad vecina señala su preocupación por estos problemas manifestando que se sienten afectados. La visión de la revista .edu despolitizada el conflicto, donde el problema de fondo es el “espacio urbano” del campus sanmarquino.

Desde la antropología urbana existen dos textos que analizan el espacio público despolitizado. Uno de ellos es El Animal Público del antropólogo Manuel Delgado, quien señala que el espacio público esta caracterizado por sociedades instantáneas, en que las relaciones son precarias, transitorias, efímeras entre sujetos anónimos. Según el autor el espacio público de la vida urbana contemporánea esta caracterizada por: “la disoluciones y simultaneidades, de negociaciones minimilistas y frías, de vínculos débiles y precarios conectados entre sí hasta el infinito, pero en los cortocircuitos no deje de ser frecuentes” (1999:26). Es decir, un espacio público superficial en el que los sujetos urbanos son neutrales debido a sus precarias relaciones en la ciudad.

Una propuesta similar analizada por el antropólogo Marc Augé en su texto Los No Lugares. Espacios de Anonimato: una antropología de la sobremodernidad en que el espacio público: “sólo tiene que ver con individuos (clientes, pasajeros, usuarios, oyentes) pero no están identificados, socializados no localizados…más que de entrada o a la salida” (114: 1998). Es decir que el “No Lugar” vienen a ser los espacios anónimos, cotidianos, desterritorializados, de puro transito donde interactúan los individuos: supermercados, autopistas, parques, entre otros.

Regresando a la realidad empírica de San Marcos: el principal espacio público por donde se proyecta el cruce del anillo vial es un “parque” que sirve de transito y descanso para que transcurra el tiempo. Ahora es necesario ir más allá del evidente espacio urbano para analizar la lógica interna del problema: la ideologización discursiva del espacio público.

Desde la orilla derecha liberal la periodista Rosa María Palacios4 en su artículo titulado “Maldita Pared” señala irónicamente, con un fino ladrido Yorkshire Terrier, que la protesta de los estudiantes del 8 de mayo refleja un giro en la temática de las luchas sociales. Ello porque los universitarios se alzan en defensa del más liberal y capitalista de los derechos: “el de propiedad”. Ella plantea algunas interrogantes: “Tiene el propietario la obligación de aceptar la dación de sus bienes al Estado si es que este no demuestra utilidad pública? ¿Es obligatorio que el Estado opte por la alternativa menos restrictiva del derecho comprometido? ¿Cómo se fija el justiprecio o compensación por el daño que significa entregar parte de un bien al Estado? La periodista termina su texto con mucho optimismo sobre los hechos del 8 de mayo porque a pesar de las escenas violentas: “debemos dispensar la misma comprensión por los estudiantes que hoy defienden el derecho de propiedad que aquella que nuestros mayores tuvieron cuando, hace 20 años, mi generación salió a las calles para protestar contra la expropiación de la banca”. Interesante el juego analítico de Rosa María Palacios, pero no toma en cuenta la doble dimensión del concepto de propiedad: una cosa es la propiedad privada y otra la pública. El problema en cuestión no tiene nada que ver con la propiedad pivada, es todo lo contrario.

En la misma orilla, pero desde el ángulo del neoliberalismo radical sale a ladrar Aldo Mariátegui en su artículo “De todo un poco”. Con su clásico estilo pitbull entra al debate en cuestión vertiendo su furia contra los estudiantes que tienen otra opción ideológica: “¿Por qué estos sanmarquinos no se dedican a estudiar –cosa que los contribuyentes les pagamos– en lugar de joder? Ya bastante daño se ha hecho desde esa universidad a la sociedad con tanto radicalismo estúpido pasado, pues eso fue incluso un fértil semillero de senderistas y emerretistas años atrás”. Luego sentencia (ladradando) a San Marcos de haber perdido el nivel académico desde finales de la década de los 50 tas porque ahora existen vándalos que destruyen hasta el camión policial: “Otra tontería es la supervivencia de la medieval autonomía universitaria, por la cual la Policía no puede entrar a los claustros para detener a los revoltosos”.

Desde la otra orilla ideológica sale César Lévano, con un estilo de viejo sabueso, a defender a los estudiantes sanmarquinos por medio de su artículo “Agarren a Cualquiera”. Indignadamente comienza a ladrar buscando sancionar a los culpables: “La agresión contra estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la invasión del campus de ésta perpetradas por la Policía merecen rechazo y castigo”. Señala como principal responsable de la violación al recinto universitario al Ministro del Interior Alva Castro y al alcalde Luis Castañeda por resignarse al diálogo, ser prepotente y promover la violencia. También menciona la infiltración de sujetos encapuchados en la marcha pacífica para lanzar piedras contra los policías. Niega que los verdaderos estudiantes sean vándalos y que el rechazo contra el By Pass tiene justificación: la obra causaría problemas en las aulas por la contaminación ambiental y sonora. Pero la arbitrariedad de la policía ocasionó la batalla campal donde se agarró a cualquier estudiante para llevarlo a la comisaría.

Más allá del estereotipo de “vándalo” o “buen sanmarquino” es menester comprenderlos como “actores sociales” desde una perspectiva weberiana, vale decir, cuando todos los complejos fenómenos del mundo social tienen “significados”. Es decir, analizar los significados intersubjetivos que motivan las acciones de los individuos, quienes otorgan sentido a sus actos: "la acción social". ¿Cuáles son los significados ideológicos que guían la acción de los estudiantiles y, sobre todo, a los dirigentes que lideran el discurso teórico y la acción práctica? y ¿Cómo se plasma el discurso ideológico sobre la visión de la universidad pública y el país?

Plan de estudios heroico y la ideología militante

El sociólogo Gonzalo Portocarrero analiza la construcción de nuevas identidades en la sociedad peruana por medio de los discursos de los jóvenes. Uno de los modelos de identidad es la figura del “militante” que tuvo apogeo en las décadas de los 70 tas y 80 tas. Según el autor: “El militante se define en función de su entrega a una causa, en tanto es parte de un colectivo que da sentido a su vida. Tenemos una concepción heroica de la vida. El valor, la abnegación y la solidaridad son sus virtudes. Sólo la causa es realmente importante, es el único fin en sí mismo” (2001:16). El modelo subjetivo del estudiante universitario militante y comprometido por causas heroicas se plasma ideológicamente en los actuales Planes de Estudios de la facultad de Ciencias Sociales. El regreso de la identidad "militante" en el nuevo milenio....¿alguna vez estuvo ausente?

Analizaré el discurso sobre la universidad y el Perú elaborado por los universitarios militantes. La ideología de izquierda otorga significados que motivan la acción. La fuente que utilizaré para el respectivo rigor académico es el Diagnóstico del plan de estudios 2001 – 20085 elaborado por estudiantes de antropología. En el documento se muestra la visión ideologizada de algunos grupos de estudiantes de la facultad de ciencias sociales y otras facultades que protagonizaron la lucha campal del 8 de mayo. No es casual que el diagnostico de los estudiantes de antropología sea una “mente gemela” con el diagnóstico del Plan de Estudios del Ciclo Básico (cursos básicos de integrado) de la Facultad de Ciencias Sociales (El diagnóstico esta ubicado en el periódico mural del segundo piso de la misma facultad). Ambos diagnósticos coinciden en la construcción de la realidad nacional desde el enfoque marxista ortodoxo. Realizaré una breve descripción de ambos diagnósticos:

En el ámbito social la sociedad peruana es una “sociedad de clases”, las cuales defienden sus propios intereses, intereses que se encuentran en constante pugna generando contradicciones que constituyen el motor del desarrollo de la sociedad. El sistema económico es el capitalista en su etapa imperialista que mantiene ciertos rezagos en zonas bastantes puntuales del país (semifeudal). En el ámbito político la derecha representada por el APRA ampara a la burguesía intermedia y reprime criminalizando la protesta social del movimiento popular. En el ámbito educativo existe una crisis de la universidad pública producto de las políticas neoliberales: la mercantilización, elitización y privatización de la universidad donde se forman profesionales para el servicio del mercado. En el ámbito cultural se reduce la diversidad cultural a la imagen de postal para fomentar las políticas de turismo; y el Estado recurre al viejo mecanismo de modernidad y no modernidad para desacreditar la autonomía de la organización política de las poblaciones que enfrentan a las mineras y petroleras.

El diagnóstico ideologizado es la base para la elaboración de los diversos Planes de Estudios (sociología, historia, antropología, arqueología, trabajo social y geografía) para establecer el camino a seguir del estudiante y el perfil del egresado. Para hacer los planes se forman subcomisiones de trabajo conformado por estudiantes que luego se debate con las propuestas de los profesores. Los estudiantes más comprometidos con los resultados son los de tendencia izquierdista, quienes analizan la realidad peruana a imagen y semejanza de su propuesta ideológica. Se fomenta en los Planes de Estudio la construcción de la identidad militante preparado y motivado para la acción del cambio social. Más allá de la “entrega a la causa” todo es ilusión.

El texto “San Marcos no se vende, San Marcos se defiende” de Ana Paucar6 grafica la identificación ideológica del universitario militante con la acción de lucha del 8 de Mayo. Ella hace una convocatoria a la comunidad imaginada de la Decana de América: “Los san marquinos estudiantes o egresados nos tenemos que solidarizar con nuestros compañeros y con nuestra gloriosa universidad y no podemos permitir este tipo de atropellos, los san marquinos no solo estudiamos sino también defendemos nuestros derechos, somos gente sencilla, gente de lucha, gente de pueblo”. Se aprecia en el texto que en el espacio público deja de ser apolítico, neutral y urbano para insertarse en el discurso ideológico que cuestiona el libre mercado: donde todo se vende y compra. San Marcos es el Perú y no se vende. Ana Paucar también menciona que a la universidad se va a estudiar y también ha luchar: “Después de mucho tiempo no se veía una marcha tan concurrida, unidad en el discurso y lucha san marquina”.

Entonces los diagnósticos de los Planes de Estudios son herramientas ideológicas para construir el camino que politice la vida académica e institucional. La realidad se adapta a la teoría por arte de magia. Por ese motivo, se afirma que la sociedad peruana esta conformada por "clases sociales" antagónicas, cuyas contradicciones constituyen el motor del desarrollo de la sociedad. Es decir, una historia lineal occidental protagonizada por las clases del proletariado (el pueblo) y la burguesa. Pero en el diagnóstico se obvian factores etnohistóricos y étnicos culturales del Perú que son ajenos a la estructura lineal del tiempo occidental. Los diagnósticos de los Planes de Estudio son eurocéntricos con calca y copia. La sociedad peruana es más compleja e híbrida, la cual no se le puede entender profundamente por medio de recetas ideológicas.

La nueva generación (auto)elegida de izquierda

Ambos diagnósticos tienen como marco temporal la intervención militar de la universidad San Marcos que duró 8 años hasta el 2001. Luego vino la apertura democrática y se estableció el nuevo Plan de Estudios 2001 – 2008. El dato particular es que la dictadura cívico-militar posibilitó la “despolitización” de la vida académica e institucional dando apertura a la globalización y libre mercado. Se inventa la imagen de la generación X sanmarquina apolítica del tiempo oscuro del fujimorismo de la década de los 90 tas.

En el diagnóstico elaborado por los estudiantes de antropología señalan que el actual y criticado Plan de Estudios estuvo comandado por el profesor Carlos Iván Degregori. Según ellos fue elogiable, pero señalan que mencionada propuesta adoleció de los bríos de la "nueva generación" que fuera menos contemplativa, más aguda, profunda y, sobre todo, participativa para el desarrollo nacional. Es decir, que no paso nada con los estudiantes de la década de los 90 tas. Entonces, ante el vacio surge la nueva generación (auto)elegida de izquierda que actualmente lleva adelante la propuesta del Plan de Estudios.

Se nota la construcción de identidad del estudiante universitario militante y comprometido con la realidad nacional. Para ambos diagnósticos los estudiantes de la década de los 90tas no fueron actores comprometidos por ideales de cambio social. Fueron doblegados por la intervención militar que despolitizó la agenda universitaria hasta la actualidad. Por esto se necesita urgentemente politizar la vida académica e institucional. Para ello se elabora el guión de la “tarea pendiente” que debe ser hecha realidad por la nueva generación de estudiantes universitarios: más aguda, profunda y participativa para el desarrollo nacional. Parafraseando a Miguelito Barraza: “ellos mismos son”. Los estudiantes que estructuran la narrativa militante del ahora, oscurecen el pasado de otros estudiantes ideologizados de la década de los 90tas quienes también pensaban que eran la “nueva generación” que debía cumplir la “tarea pendiente” de la generación antecesora. Una cadena sin final.

Uno de los estudiantes de la década de los 90tas es Omar Valeriano quien ha sustentado su tesis el pasado 18 abril en San Marcos, antes de la toma de la facultad de Ciencias Sociales. Su trabajo de investigación describe la cultura política de los dirigentes universitarios de izquierda de fines de la década de los 90 tas. Mientras Omar sustentaba su tesis la mayoría de universitarios ideologizados estaban haciendo otras actividades dirigidas hacia el compromiso de luchar contra la obra municipal del By Pass: creyendo que son la generación elegida por el fantasma del marxismo-leninismo7. En la tesis se menciona el panorama de la nueva generación de estudiantes de la década de los 90tas:

“Es en ese panorama que la izquierda universitaria asume el rol de la nueva cultura política generacional….surgen organizaciones estudiantiles como respuesta a la llamada generación X, generación del tiempo perdido, sin aspiraciones e ideales, conservadora…Entre las organizaciones que surgen a mediados de los noventas, con excepción del FER – SM, con más de cuarenta años de existencia tenemos: Integración Estudiantil, Juventud Popular y Colectivo Amauta” (2008:104).

En el caso del diagnóstico de los estudiantes de antropología obvian datos significativos que neutralizan la politización de los estudiantes de la década de los 90tas. En primer lugar las organizaciones políticas que menciona Omar Valeriano las cuales asumieron la identidad “militante”. En segundo lugar a las marchas estudiantiles contra la dictadura de Fujimori, lo cual obligo al Estado en 1998 a retirar a los militares que ocupaban San Marcos. En tercer lugar la toma de la facultad de ciencias sociales (y otras facultades) en el año 2000 por militantes y varios estudiantes que sin tener mencionada identidad hicieron sentir su malestar por la mediocridad académica. En esa toma de la facultad (donde no participe, pero tampoco fui ajeno) el contexto del país era crítico porque se encontraron los vladivideos y obligó al Presidente Alberto Fujimori a escapar del país. Otro hecho ninguneado por el diagnóstico en cuestión son las elecciones del CEAN (Centro de Estudiantes de Antropología) en el año 2001 donde participaron dos listas, previo debate democrático. Yo fui uno de los candidatos de una lista independiente, con equidad de género entre sus integrantes, denominada “Ciencia y Participación” que tenía como eslogan “A mente realista, mente con visión” con una propuesta abiertamente académica y postulamos en la lista N° 2. La otra lista mantenía la visión de izquierda de estudiantes comprometidos y defensores la universidad pública: lista N° 1. A la hora de las elecciones la voz de Dios fue la voz del pueblo y democráticamente ganó la otra lista (N°1) liderada por Walter Ordóñez. Como dice el discurso Brahma: “Caballero, así es la competencia”, y de esa manera terminó mi vida política universitaria al paso. Se lo agradezco Dios. Luego se realizaron otras elecciones del CEAN donde siempre ganó el mal menor.

Entonces no es gratis que se obvien estos datos politizados en ambos diagnósticos (ciclo básico y antropológico) que afirman la total despolitización universitaria de la década de los 90 tas. El objetivo es claro, crear las condiciones subjetivas de la “tarea pendiente” para motivar a la acción de los nuevos estudiantes. Para ello se debe crear una visión del país para asumir el compromiso del cambio social. Bajo esta visión de izquierda el perfil del estudiante de antropología (y el científico social) egresados debe tener el compromiso moral y ético con el pueblo peruano, ya que por le carácter público de esta universidad ha sido educado a cuenta de todos los peruanos. Toda épica necesita de grandes obstáculos y enemigos: las empresas privadas y el mercado en el proceso de globalización. Sólo el compromiso teórico y práctico del estudiante la nueva generación concretará el cambio social.

¿Autonomía universitaria?: el perro del hortelano en acción

En el X Coloquio de estudiantes de sociología de la PUCP8 del año 2005 se llevaron a cabo varias mesas de trabajo. Una de ellas fue sobre las “Experiencias de Sociología Urbana”, donde se presentaron cuatro ponencias destacando para objetivos del precedente artículo el de Carla Acosta titulada: “El paradero como espacio público”. Yo esperaba el ejemplo de un clásico paradero informal que abundan en la capital limeña; pero lo primero que mostró ella en su power point fue la imagen de San Marcos entre los cruces de las avenidas Universitaria y Venezuela. Se escucharon algunas risas y mi suspicacia no se hizo esperar. La ponente analizaba las redes informales que se generan entre los ambulantes tendiendo como puntos de referencia los paraderos informales. El Otro Sendero Sanmarquino.

La obra del By Pass establecería orden y modernidad urbana a la imagen de la universidad Decana de América, pero a costa de un espacio público: el parque. Entonces, bajo la idea del “Síndrome del Perro del Hortelano” el mencionado parque es un “bien ocioso”: sin valor y utilidad. También existen otros espacios ociosos como el supuesto jardín, considerado técnicamente como zona rústica, ubicado entre los muros del cruce de las avenidas Universitaria y Venezuela, el cual sirve para colocar los soportes de la propaganda del examen de admisión. Entonces por medio de la obra se estaría dando valor y utilidad al bien ocioso (el parque). San Marcos sería parte de la solución al problema del transito de mencionado cruce vial. La universidad pública siendo útil para una obra pública. Del pueblo para lo que es del pueblo. San Marcos deja de tener deudas por concepto de arbitrios con la Municipalidad de Lima y se fomenta la inversión en infraestructura dentro de la ciudad universitaria.

Y cuando la obra estaba avanzada en 60 % el perro del hortelano hace su aparición ladrando para no hacer ni dejar que hagan el By Pass. Sumando la batalla campal del 8 de Mayo la imagen de San Marcos continua en deterioro sin orden ni modernidad urbana. Más abandono, destrozos e informalidad.

Un hecho que se da como “verdad absoluta” es cuando se menciona la violación a la autonomía universitaria. Se habla sobre la represión en San Marcos donde la policía entro ilegalmente. El ex rector Manuel Burga en su artículo “Aproximaciones: Ni conjura, ni retroceso” hace la asombrosa analogía entre los estudiantes mexicanos de Tlatelolco de mayo de 1968 con los sanmarquinos del 8 de mayo: “Se trata de hechos de dimensiones diferentes, pero algunas semejanzas se insinúan. Hablar de rojos, donde no sabemos si los hubo; o de conjura para dañar la V Cumbre ALC-UE que evidentemente no la hay, puede llevarnos a ocultar lo que realmente este evento significa”. Lo que ocultar el ex rector, sin querer queriendo, es que en verdad hubo rojos y se trato de hacer una marcha al centro de Lima en el contexto de la cumbre ALC-UE.

Una cumbre donde la mayoría de miembros quieren negociar en bloque acuerdos comerciales, liberar mercados dentro del proceso de globalización. Algo que discrepa con la ideología de izquierda de los estudiantes comprometidos. Sería ingenuo que dentro del repertorio de arengas en su supuesta marcha pacífica se obvien las consignas de izquierda: “el pueblo unido jamás será vencido”. No es gratis que en varios pronunciamientos estudiantiles se mencione a la Cumbre de los Pueblos como un punto en común para continuar luchando contra el imperio y el modelo neoliberal.

Lo irónico del asunto es que los primeros en violar la “autonomía universitaria” no fueron los policías como se quiere hacer creer. Sino que fueron los mismos estudiantes radicalizados que no estudian ni dejan estudiar. Antes del 8 de Mayo, a finales del mes del Abril los nuevos jóvenes rojos de San Marcos comenzaron a violar la autonomía universitaria por medio de un conjunto de tomas de facultades: Ciencias Sociales, Derecho, Humanidades, entre otros.

Cada facultad tiene sus propios órganos de gobierno que trabajan por los intereses de los distintos sectores conformados por los estudiantes, profesores, planta administrativa y egresados. La facultad como sistema tiene su propia lógica interna de funcionamiento. Pero qué sucede cuándo un grupo de estudiantes movilizados por pasiones ideológicas toman la facultad porque existe un hecho que no es de su agrado y convicción. ¿Qué sucede con los estudiantes que no piensan como los radicalizados? ¿Qué pasan con las clases? ¿Qué ocurre con los egresados que deben hacer trámites para los documentos que exige la sociedad para legalizar sus servicios profesionales? ¿Qué ocurre con los cursos de titulación, maestría, sustentaciones de tesis, entre otros? Todo lo que el perro del hortelano no hace y tampoco deja hacer.

Entonces en un contexto donde la autonomía universitaria es violada por los mismos estudiantes: grupos con identidad de militante. El clima de incertidumbre y caos obliga al Rector de San Marcos a solicitar la intervención de las fuerzas policiales. Y se produce la batalla campal.

A modo de conclusiones

Si las metáforas de los perros de izquierda y derecha continúan ladrándose la obra del By Pass podría seguir el camino frustrado del “Tren Eléctrico”. Un monumento a la mediocridad en el Perú. La frase “El Perú es San Marcos”, es ideal para el discurso ostentoso y demagógico, pero a la misma vez lamentable porque la universidad acarrea los viejos problemas estructurales y poscoloniales del país. Su fragmentación interna ocultada por una supuesta unidad estudiantil.

La solución no puede ir por el camino de la violencia contra la autonomía universitaria por parte de los alumnos radicalizados. Tomar arbitrariamente la facultad y la universidad es una muestra de intolerancia contra otros estudiantes que piensan diferentes y que no aceptan la ideología de izquierda. Por algo existen los canales internos de gobierno autónomo donde las autoridades son elegidas por el voto de estudiantes, profesores y egresados. Algo que se deja de lado cuando un grupos de (auto)elegidos de izquierda creen tener la verdad absoluta y dejan la razón por la demagogia: los dirigentes hacen escuchar su voz militante en el espacio público para comprometer la defensa de San Marcos con arengas y acciones.

Finalmente esta nueva generación (auto)elegida de estudiantes de identidad militantes de izquierda representan por su discurso y acciones (hechos sociales) al “Perro del Hortelano” en San Marcos. No estudian ni dejan estudiar. No terminan su carrera ni dejan terminar. No se titulan ni dejan titular. No sustentan tesis ni dejan sustentar. No hacen trámites ni dejan tramitar. No estudian maestría…y así continúa el síndrome poscolonial en cuestión: no come ni deja comer.
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Notas
2 http://www.democraciaglobal.org/index.php?fp_verpub=true&idpub=238
3 Año 4 N° 111: Del 19 al 25 de mayo del 2008.
4 http://besosdehetaira.blogspot.com/2008/05/esa-maldita-pared.html
5 El diagnóstico fue elaborado por una comisión de estudiantes de antropología y fue distribuido por las redes electrónicas virtuales.
6 http://rodolfoybarra.blogspot.com/2008/05/propsito-de-la-golpiza-en-san-marcos.html

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Bibliografìa

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. Tesis para optar el título de
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miércoles, 14 de mayo de 2008

El peso de las preguntas

“Fue por una pregunta”, es la respuesta que doy cuando me preguntan sobre mi desición casi-suicida de haber estudiado antropología en San Marcos. Actualmente parece Irak con muros destruidos, vidrios rotos, lleno de tierra, con algunos kurdos, sunitas y chiítas universitarios sueltos. Ahora es necesario para bien del presente artículo esclarecer el contexto donde surge la pregunta de peso pesado. Para ello realizaré una breve autobiografía al paso no autorizada.

En el año de 1994 en mi primera época de cachimbo en la carrera exitosa de Administración de Empresas: estudiaba en la Universidad Ricardo Palma, tenía 20 años, el pelo largo, nuevas ideas y ganas de conocer la vida. Se podría decir que estaba en una etapa de moratoria social en que experimentaba varios procesos de construcción de una identidad. Las etapas que pase en dos años recork en la Richi fueron: Hare Krisna, hippie, existencialista, anarquista, nihilista y socialista. Sí que estaba confundido.

El ritual de paso que debía hacer para entrar a una nueva etapa identitaria era a través de una pregunta de peso, es decir, una interrogante simple, clara, precisa y determinante en la vida. El caso en que surge la pregunta es cuando iba a estudiar: el carro me dejaba en el puente Benavides, luego al subir me encontraba, en medio de las escaleras, con una mujer campesina vestida con polleras y cargando un niño. Ella siempre pedía limosna y su rostro lleno de tristeza representaba el Perú Profundo estructuralmente marginado, opuesto al mundo universitario apolítico de la universidad. La Ricardo Palma tenía una filosofía neoliberal a ultranza donde los universitarios asumían sin crítica. Siempre tuve problemas de socialización y varios debates candentes sobre la realidad peruana. Entonces en este contexto, mientras subía el puente, surge la pregunta de peso: ¿Por qué yo puedo asistir a la universidad y la mujer campesina no? Fue en ese momento cuando di mi último paso identitario para comenzar a pensar en San Marcos.

El dato complementario que le pone la cereza a la pregunta de peso, fue cuando estudiaba en mi casa para un examen de macroeconomía. Y de repente escucho ruido de autos que comenzaban a interrumpir el transito de la avenida el Corregidor (la más patriota del Perú) y unas personas con armas de fuego de la policía dicen a los vecinos que no salgan de su casa. Era una operación antisubversiva para capturar a unos de los miembros del MRTA liderado por Rincón Rincón. La balacera hacia eco en los cerros molineros y el miedo se adueñaba de todos. Casi no pude dormir al igual que mi familia. Al amanecer los integrantes del MRTA entregaron sus armas y fueron capturados. La imagen al día siguiente de la casa donde se atrincheraron los subversivos era una muestra tangible de violencia política. Se rompía el silencio de una guerra interna que le era ajena a los vecinos molineros.

Deje la Richi y quise hacer un traslado a la Decana de América. La duda profesional no se hizo esperar. Cuando averigüe que no se podía hacer traslado de una universidad particular a una nacional, pensé al toque en una nueva carrera. Entonces busque todo lo contrario. En la crisis de identidad vocacional viaje por el Día de los Santos a la ciudad de Huanuco, año 1996, donde terminé de leer Cien Años de Soledad y decidí estudiar antropología. La imagen mágica que observé fue el cementerio principal de Huánuco. Al costado de una capilla había un campesino pobre que estaba totalmente ebrio y leía una Biblia en latín. Esta persona lloraba y cargaba en una de sus manos hojas de coca y en la otra una botella con alcohol. Imagen que se junto con el paisaje rural, las casitas, el ganado, los campos de cultivo y el cielo. Se trataba de la primera ilusión del antropólogo bonachón, es decir, el buena gente con tendencias andinistas.

Esta imagen idílica de un “yo comprometido” con la realidad social a tenido varios matices y cambios. Un ejemplo puede ser el caso del año de 1999 cuando estaba en Cuzco participando en el JALLA (Jornadas Andinas de Literatura Latinomeriacana). Por medio de un conocido me alojé en un albergue denominado Gregorio Condori Mamani que estaba destinado para los marginados del Cuzco. Es decir, era una casa donde los campesinos que trabajan en la ciudad como cargadores, limpiadores y ambulantes dormían en el mencionado local. En el albergue conocí el lado oscuro del Cuzco. Un día ellos estaban reunidos y me acerque para hacer una pregunta: ¿Ustedes conocen Machupichu? La respuestas fueron negativas, lo cual me indigno y les dije que ello era injusto. Entonces como buen antropólogo sanmarquino me dirigí con el espíritu guevarista a Machupichu. Luego regresé al albergue muy orgulloso para comentar a los compañeros campesinos como era nueva maravilla del mundo.

Luego de cinco años de estudios universitarios (1998 - 2002) pude comprobar que todo en San Marcos es puro mito. En el sentido demagógico del “pueblo” en que surgen ideas de fe como el “pueblo unido jamás será vencido”, la “universidad del pueblo”, “la sangre del pueblo tiene rico perfume”, entre otros. Una cosa es la política ideologizada hasta el sectarismo religioso (el pueblo elegido) y otra es la ciencia social. Opte por el segundo camino, el académico y forme un taller de investigación interdisciplinario. Y pude comprobar en las pocas investigaciones que realizaba (una de ellas mi futura tesis) que mencionada imagen del pueblo unido era una distorsión ideológica de la izquierda. El pueblo es más complejo y heterogéneo que el ofrecido por las recetas revolucionarias. Cuestioné a la izquierda ortodoxa y a sus ortodoxos seguidores universitarios que asumian sin crítica la teoría, muchos de ellos con tendencia a estudiantes eternos.

Como egresado trabajé a finales del 2005 en la selva peruana, Región San Martín, para el Ministerio de Educación. El proyecto educativo piloto que tenía que monitorear era el CONEI (Consejo Educativo Institucional) que es un espacio de participación, concertación y vigilancia ciudadana de los colegios de zonas rurales. En la región selvática conocí Tarapoto, Lamas, Rumisapa, San Roque de Cumbaza, Maceda y Churusapa. En este último lugar, el más pobre y tradicional, entreviste a una niña de 10 años que se llamaba Elsi Pilar Sinaragua Pashinasi. Ella era muy tímida y me respondía con una voz muy apagada todas mis interrogantes. Al final le dije: “ahora te toca a ti preguntar”. Enunció pausadamente la siguiente interrogante que me dejó mudo y pensativo: ¿Cómo es el Perú? En milésimas de segundos pase de sensibilizador a sensibilizado e hice memoria sobre los motivos por los cuales había optado estudiar antropología. Es que en verdad las preguntas de peso sí pesan.

jueves, 8 de mayo de 2008

Firmas falsas en el Perù: entre el calor del verano y la agonìa ciudadana

La siguiente experiencia etnográfica es con efecto retardado. La tuve entre el calor del verano y la agonía ciudadana del año 2005. La memoria es una fuente necesaria para procesar hechos vergonzosos, los cuales no se deben repetir sin querer queriendo o queriendo con querer. En este sentido, el siguiente “análisis de paso” tomará como objeto de estudio: los motivos de fondo sobre las firmas falsas en el Perú.

La canción del escándalo veraniego: un pretexto para salir del país.

El verano es la estación que gobierna Lima en los primeros meses del año, donde los limeños tienen la costumbre de ir a la playa. Por mi parte tomé la decisión de no ir a la playa por motivos de salud y, sobre todo, económico. El primero es porque los medios de publicidad estructuran imágenes superficiales donde la playa es el mejor antídoto para combatir el calor veraniego. Pero la realidad demuestra que tanto la arena como sol hacen que la temperatura corporal aumente. Lo digo porque en varias experiencias playeras, con o sin observación participante, me demostraron que el antídoto veraniego es peor que la enfermedad del calor. El segundo motivo, se basó en la dificultad de lograr los objetivos mercantiles de ser feliz en la playa, los cuales están lejos de las políticas públicas de lucha contra la pobreza. En pocas palabras, tuve que buscar trabajo en verano muy lejos de la playa.

Trabajé subalternamente como firmólogo, ¿qué será ello?...se preguntan...Antes de explicarlo debo contextualizar, como buen antropólogo sin tierra y mar, los antecedentes del escándalo político que se vivía en el Perú: las firmas falsas. El anterior gobierno, Perú Posible, presidido por Alejandro Toledo siguió los pasos políticamente correctos para asumir la administración del Estado. Luego de varias metidas de patas políticas surgió la acusación sobre la falsificación de firmas del partido de gobierno. La principal testigo del show político, a mediados del 2004, fue la señora Carmen Burga, quien presenció la fabrica de firmas de Perú Posible: en este país no existen imposibles. Esto hizo tambalear el deslegitimado gobierno de Toledo con un 8 % de aprobación, según las encuestas.

A finales de 2004 los peruanos nos sorprendimos cuando Carmen Burga a través de un video aficionado retiro las acusaciones sobre las fabricas de firmas argumentando que fue inducida a crear un falso testimonio. Y luego desapareció sin dejar rastro alguno mientras el Perú celebraba el año nuevo. Pero como bien sabrán el show debe continuar: Carmen Burga volvió a aparecer en las pantallas diciendo que fue raptada por el gobierno, siendo obligada a retirar sus acusaciones. ¿What?...Esta señora otra vez cambiaba de testimonio señalando que el gobierno le ofreció 500 mil dólares para comparar su silencio y que le hicieron los trámites en migraciones para que la señora cruzara las fronteras en dirección a Bogotá. Pero hubo una mala jugada y no se le pudo entregar el monto establecido, entonces la estafadora de firmas falsas se convirtió en la estafada. Y se regreso a Lima para seguir alimentando el escándalo a principios del 2005. Ella tampoco pudo asistir a la playa porque estaba rodeada y perseguida por los periodistas.

Y cada vez que ella hablaba tenía una nueva versión: entro en la duda filosófica si se fugó del país, la raptaron o todo fue un negocio. Finalmente ya nadie cree en nadie y menos a Carmen Burga, al gobierno, la clase política y el sistema democrático. La cultura de la desconfianza se generaliza en la comunidad imaginada de firmas.

El trabajo subalterno de firmólogo: para que no se repita.

En medio del escándalo del verano que estaba más entretenido que ir a la playa encontré un trabajo subalterno. Retomo la explicación del concepto de firmólogo. Este viene a ser aquel ciudadano/subalterno que lucha contra las firmas falsas, buscando concientemente firmas verdaderas. Trabajé en APRODEH en un proyecto denominado “La Salud como Derecho” que se basó en la recolección de 46 mil firmas para que ingrese a la comisión de salud del Congreso de la República. La iniciativa legislativa se titulaba “Derechos y Obligaciones de las personas Usuarios en los Servicios de Salud”, la cual tenía como principales puntos que los peruanos tenemos derecho a no ser discriminado de los servicios de salud por ningún tipo de condición social, económica y cultural. Esta ley era para defender los derechos de los pacientes que en el Perú terminan siendo víctimas con las actuales políticas públicas de salud.

Entonces salí a las calles, plazas y movidas sociales a buscar firmas verdaderas para lograr el objetivo de respetar el derecho a la vida. Pero en el contexto del show de ‘firmas falsas’ se imaginaran lo que encontré en las calles, incluyendo un sol insoportable: una agónica ciudadanía. La cultura de la desconfianza hacia que los vecinos limeños pensaran que mi subalterno trabajo consistía en recolectar firmas para el gobierno y otras agrupaciones políticas. Nadie quería firmar.

Entonces mi estrategia para lograr firmas era plantear un discurso ciudadano apoyado con mi análisis social sobre la salud en el Perú, en que incluía la explicación de la iniciativa legislativa. Me apoye en material como los recortes de periódico donde se hacia evidente notas de prensa sobre la campaña de salud. También tenía en la mano derecha una Constitución Política, parecía evangelista, donde señalaba a las personas que los peruanos tenemos derechos de participación política de forma organizada para tener injerencias en asuntos públicos. Al final de un día de arduo trabajo me daba cuenta que todo era un rotundo fracaso. Más cantada la tragedia que la siguiente eliminación de la selección peruana de fútbol de La Copa Mundial.

De hecho que asumí mi tarea de firmólogo como un “trabajo de campo al paso” donde analizaba los discursos e imaginarios de las personas. La gran parte de mis interlocutores anti-firmas están cansados del sistema político democrático y de todas las estrategias para engañar a la gente. La calle esta dura. No me quedó otra salida que ir a San Marcos a demostrar las formas tradicionales de supervivencia antropológica. En la universidad encontré otro tipo de respuesta de los estudiantes y de muchos amigos que me apoyaron con sus respectivas firmas. Lo que ganaba cotidianamente no me alcanzó para ir a la playa, pero sí para hacer efectivos algunos pagos para mi cartón de bachiller.

Reflexiones finales: la culpa de todo no es del falsificador.

Luego de mi experiencia de firmólogo la pregunta que planteo a modo de reflexión final es: ¿Por qué en el Perú se falsifican firmas? Mi hipótesis central:“no se falsifican las firmas porque existan falsificadores, sino porque nadie quiere firmar”. Es decir, por la ausencia de una ciudadanía real. Lo digo porque al ver el total rechazo de mis compatriotas hacia mi subalterna función con nobles objetivos empecé a entender a Carmen Burga. Esta señora es igual que las personas que no quieren escuchar, dialogar y, sobre todo, firmar. Estamos gobernados subjetivamente por el reino del pragmatismo radical, el cual se reflejó en la agonía ciudadanía veraniega del 2005.

Entonces lo que se debe enfrentar no es la fabricación de firmas, sino la agónica ciudadanía. Es necesario en los actores sociales una “cultura de discernimiento” dejando de lado la “cultura de la desconfianza” donde todo es rechazo. El dialogo razonado es indispensable sí algo queremos cambiar. Por algo debemos de empezar, aunque sea por nuestra propia firma firme.